Masacre en Palestina. Paremos al sionismo

Medio Oriente |

Una ola de indignación recorrió el mundo el 14 de mayo, cuando el ejército israelí descargó una lluvia de balas de plomo sobre la movilización palestina llamada “Marcha del retorno”. El brutal ataque dejo el saldo de 61 muertos y 2000 heridos entre los 40.000 palestinos que ese día se movilizaron.

La decisión de Trump de trasladar su embajada a Jerusalén fue sentida por los palestinos como una nueva humillación, al pretender usurpar su capital histórica, luego de 70 años de brutal ocupación de su territorio.
Desde el 30 de abril multitudinarias concentraciones en la frontera de Gaza enfrentan la brutal represión israelí. No contenta con lanzar una gran cantidad de gases desde drones especiales, dispara con francotiradores balas de plomo contra los que osan acercarse al límite fronterizo, efectuando una verdadera cacería humana que hasta la fecha lleva más de 115 muertos y 13.000 heridos.
La instalación de la embajada en Jerusalén fue acompañada por la decisión de generar una masacre. Atrás quedó la propuesta de conformar “dos estados” que desde Clinton en adelante se pretendió, con la complicidad de la autoridad palestina de Mahmoud Abbas, generar la ilusión de que podría alcanzarse alguna convivencia con el monstruo fascista que gobierna el Estado de Israel.
Las cínicas declaraciones de la embajadora de EEUU ante la ONU, Nikki Haley, señalando que las tropas israelíes tuvieron un rol de “contención” para enfrentar a manifestantes violentos instigados por el terrorismo del Hamas, contrastan con las imágenes que recorrieron el mundo y mostraron como las piedras de los jóvenes palestinos eran contestadas por munición letal sin ningún miramiento. Ahora la política es muy clara: desalentar a sangre y fuego todo intento de resistencia por parte de los palestinos.
Al día siguiente en ocasión de celebrarse la Natba (Catástrofe), en referencia al comienzo de la resistencia palestina contra la creación del Estado de Israel en 1948, un paro general se extendía por la Gaza y la Cisjordania, y nuevas movilizaciones se desarrollaban en los territorios juntando la bronca y el duelo contra la masacre sionista. En Buenos Aires y en muchas ciudades y capitales del planeta manifestaciones de repudio hacían sentir su voz frente a la escalada de Trump y Netanyahu.

Apoyemos la campaña de BDS contra el Estado de Israel

En la ONU los EEUU bloquearon una moción de condena. Las “democracias” europeas reclaman una investigación. ¡Con solo ver los videos transmitidos por todas las redes sociales y televisiones del mundo puede comprobarse la masacre ocurrida!
“Investigar” es una palabra de compromiso para zafar y ganar tiempo, frente a una bestia asesina que con métodos nazis viene aniquilando y produciendo el genocidio de un pueblo entero, mientras sigue siendo un respetable miembro del organismo internacional y visitando como invitado de honor a muchos países, “democráticos” o “anti imperialistas”, desde Alemania a la Rusia de Putin, o la Argentina de Macri.
De lo que se trata es de generar la mayor movilización de los pueblos, para rodear de solidaridad del lucha palestina, parar la represión y que liberen a los presos políticos, aislar al estado fascista y promover la mayor movilización de los pueblos árabes, para derrotar junto a los palestinos, a esa bestia genocida que es el Estado de Israel.
Iniciativas como la campaña mundial por el Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) al Estado de Israel deben ser apoyadas para desarrollar una fuerte campaña mundial. En la Argentina a la par que exigimos la ruptura de todas las relaciones comerciales y políticas con el estado nazi de Israel debemos sumarnos a las iniciativas promovidas por el Comité de Solidaridad con el Pueblo Palestino, como la próxima manifestación del jueves 24 de mayo frente a la sede de la AFA, para evitar que nuestra selección vaya a jugar a Jerusalén.

Gustavo Giménez

Israel: un enclave imperialista

Lejos de ser la “tierra prometida” del pueblo judío, el Estado de Israel ha sido desde su origen un enclave imperial, destinado a combatir la revolución e independencia de los pueblos árabes, en una región petrolera de importancia estratégica para el imperialismo.
La “democracia” israelí es en realidad un estado que utiliza el apartheid contra el pueblo palestino original, al cual ha desplazado a fuerza de enormes matanzas. Así obligó a 7 millones a refugiarse en los países limítrofes y a una población de 3 millones a vivir segregados dentro de los límites de la franja de Gaza (territorio ocupado de la Cisjordania) o como ciudadanos de segunda al interior de la propia Israel.
Palestina fue un territorio que bajo el control británico comenzó a traer familias judías perseguidas en Europa por gobiernos antisemitas con el objetivo de crear “un hogar nacional judío”. Una población importada, que bajo la dirección del sionismo, fue utilizada para ocupar un territorio poblado por palestinos, desplazando aldeas enteras con métodos de genocidio. Bajo la complicidad de los jeques árabes de la región, el emir Faisal negoció en 1919 entregar a Palestina a los sionistas.
En el año 1947 la ONU determina la partición de Palestina en dos y en 1948 se funda el Estado de Israel. Este es reconocido por Estados Unidos con la aprobación de Stalin, lo que es una de sus grandes traiciones a los pueblos de Medio Oriente. Con la retirada del imperio británico después de la II Guerra Mundial, va a ser el imperialismo yanqui el que va a tomar la posta en el mantenimiento del enclave al cual sostiene con miles de millones de dólares al año.
La derrota del levantamiento árabe de 1936/39 y luego el triunfo Israelí en dos guerras (1973 y 1967) gracias el apoyo imperialista y las inconsecuencias del nacionalismo árabe, consolidaron al enclave y extendieron sus territorios sobre las zonas destinadas a los palestinos, el Sinaí egipcio (luego devuelto) y las alturas del Golán sirio. Desarrollando un poderío militar que cuenta con un moderno arsenal y centenares de bombas atómicas.
El pueblo palestino pese a ser sometido a brutales condiciones de existencia, como las que se viven hoy en Gaza, en la cual el 70% de la población sobrevive de una paupérrima asistencia extranjera, vive con cuatro horas de electricidad al día y la mayoría de sus acuíferos contaminados, nunca dejó de pelear.
Sus celebres “intifadas” han puesto en jaque reiteradamente al gendarme y contrastan con las traiciones de las direcciones nacionalistas árabes y de la tradicional dirección de Arafat, que optó por reconocer al estado sionista, buscando así la formación de un estado propio.
La realidad demostró que la naturaleza del estado gendarme no permite ninguna negociación ni convivencia pacífica. Su objetivo es aplastar la resistencia palestina, expulsar, o directamente liquidar a los que no se sometan a un estatus de semiexclavitud y utilizar ese estado como una base militar para atacar a la rebelión árabe, no dudando en amenazar con su terrible arsenal a pueblos que como el iraní desafíen sus intereses y existencia.
Por eso la única manera de lograr una paz justa y duradera para los pueblos de la región es destruyendo a ese engendro imperialista y construyendo una nación que contenga a todos los pueblos que quieran habitar una Palestina laica, democrática y no racista.