El movimiento de masas en Argelia, la cuestión del programa

Mar 6, 2019 | África

Las protestas siguen estallando desde que el presidente de 82 años Abdulaziz Buteflika fuera nominado en el cargo por quinta vez en Argelia. Cientos de manifestantes y decenas de policías fueron heridos y un manifestante ha muerto hasta el momento.

Buteflika, que llegó al poder en 1999, declaró que será candidato en las elecciones del próximo 18 de abril, a pesar de sus serios problemas de salud. Su decisión de buscar un quinto mandato ha desatado grandes protestas. Hubieron manifestaciones en todo el país, con cientos de miles en las calles.

El problema entre bambalinas

Buteflika, que también dirige el Frente de Liberación Nacional (FLN), se ha estado tratando en Suiza desde que sufrió un derrame cerebral en 2013 y está actualmente postrado. Su hermano Said ejerce el poder extraoficialmente. La re-nominación de Buteflika significa la continuidad del status quo. Pero las masas trabajadoras que están abrumadas por el orden corrupto y podrido esperaban un cambio a raíz del problema de salud de Buteflika. Entonces cuando la nominación de Buteflika fue anunciada de manera escandalosa en Argelia, donde las elecciones son poco más que formalidades, la paciencia de las masas se agotó, y ahora todos en Argelia se preguntan si habrá comenzado una nueva era.

Hay paros en curso en todo el país, cientos de miles de personas están en las calles, se escuchan consignas como “el régimen tiene que ser destruido”. Normalmente podríamos decir que algo importante estaría por suceder en Argelia, pero también hay un fuerte contrapeso que quiebra las acciones por la falta de organización de las masas y la experiencia terrible que ha pasado el pueblo argelino en su historia reciente.

¿Qué está en juego?

-En primer lugar, los trabajadores y la juventud no están organizados. No está claro qué tipo de régimen surgirá tras la caída de Buteflika.

-Existe el peligro de que Argelia, que tiene grandes reservas de petróleo y gas, sea blanco de intervenciones imperialistas.

-El islamismo político probablemente entre en escena. Los sectores liberales, laicos, democráticos y de izquierda, que componen la principal oposición social en Argelia, están preocupados que los islamistas capitalicen la caída del gobierno.

-De 1990 a comienzos de los 2000, Argelia vivió una guerra civil entre el ejército y la FIS-GIAM islamista. El recuerdo de esta guerra civil, en la que perdieron la vida más de 100.000 personas sigue vívido. Incluso si pierde el GIA, el hecho de que decenas de miles de yijadistas argelinos se sumaron a las guerras en Libia y Siria revela que la base social del islamismo político sigue fuerte.

-Libia y Siria fueron devastadas por guerras civiles. En Egipto, Sisi fue peor que Mubarak.

¿Es posible la democracia parlamentaria?

Los grupos liberales, laicos, democráticos y de izquierda en Argelia quieren un sistema parlamentario occidental. Este sistema está ya decadente hasta en Europa, entonces es dudoso que haya un salto económico o una burguesía capaz de encabezarlo. Sin embargo, esto es precisamente lo que los opositores democráticos buscan, Pareciera que intentan maquillar el tema para mantenerlo bajo control, como si le estuvieran advirtiendo al régimen de Buteflika. Después de todo, tienen plena conciencia del hecho de que habrían extremas limitaciones para ellos bajo circunstancias extremas. Carecen del necesario poder organizativo y social.

Los problemas sociales principales de los trabajadores que viven en la pobreza en un país rico en petróleo como Argelia no se pueden resolver sólo con elecciones libres o el fracaso de Buteflika y el FLN. Por lo tanto, no será posible dirigir la bronca de clase y organizar al pueblo con un limitado programa democrático. Por lo cual estos círculos laicos, liberales y democráticos están claramente asustados por el movimiento de masas. Su incapacidad surge de los límites de sus programas. Argelia no logrará un mejor futuro sin combinar la lucha contra la dictadura con la lucha contra el capitalismo, sin organizar el poder de la clase trabajadora. Gracias a este vacío, la radicalización de los trabajadores pobres beneficia al fanatismo islámico. En este punto, los opositores democráticos que reconocen sus propias ineptitudes, terminan detrás del régimen del FLN.

El norte de África tiene una dinámica distinta a la de Medio Oriente. La fragmentación étnica y sectaria no es tan intensa. El conflicto es entre el dictador y el pueblo. Podemos observar esta situación desde Marruecos hasta Egipto, excluyendo a Libia, que ha sido arruinada por el imperialismo y los yijadistas. Esta región es altamente afectada por Europa. La juventud, los estudiantes y la clase media están influenciadas por Europa. Por ejemplo, Argelia está muy influenciada por Francia. No hay duda de que el movimiento de los chalecos amarillos ha afectado a Argelia. De hecho, los que iniciaron las primeras acciones fueron los argelinos radicados en Francia. Otro tema importante es que el movimiento obrero organizado es significante en el norte de África, aunque el socialismo revolucionario es insuficiente en este terreno. Otra dinámica en el norte de África es la tendencia de los trabajadores no organizados de girar hacia el bando yijadista. Lo que nutre esa tendencia es, sin duda, la debilidad de las fuerzas que organizan el radicalismo de clase. La única salida es organizar al socialismo revolucionario, establecer la unidad de la clase obrera para destruir el capitalismo imperialista, para revelar la unidad de la lucha internacionalista de los trabajadores del norte de África y Europa.

V.U. Arslan