Andalucía: elección regional ¿impronta nacional?

Dic 4, 2018 | Europa

Se derrumbó el PSOE, creció la derecha e irrumpió institucionalmente la ultraderecha de Vox.  El resultado ha causado un abanico de sentimientos: decepción, pesimismo y al mismo tiempo desencadenó bronca e importantes movilizaciones. Se abrieron interrogantes: ¿Será la perspectiva para España? ¿Qué se puede hacer para evitarla?

El desencanto con el PSOE y el hecho que Podemos acional no se transforme en una alternativa sino en una mala fotocopia de lo viejo; allana el camino a la derecha expresada por PP-Ciudadanos y a Vox. Donde asoman la cabeza, como en Brasil, en Europa y ahora en España, generan una reacción popular que demuestra que hay fuerza para enfrentarlos. El problema no es la gente sino la política de los dirigentes inconsecuentes.

No es un fenómeno irreversible. Para bloquearlos, hay que derrotarlos en la calle y construir una nueva alternativa amplia, de izquierda, que no defraude a sus seguidores y que sostenga un accionar sin medias tintas. La polarización social que recorre el mundo es el marco más general en el que hay que analizar los procesos sociales y políticos. Las elecciones andaluzas no escapan a esta realidad.

El resultado

Siendo la región más poblada del país (6,5 millones de personas), el resultado se considera un indicador de la intencionalidad del voto de cara a las municipales de 2019 y a eventuales elecciones generales. Por eso, las fuerzas del bipartidismo se jugaron todo, como si fuera una votación nacional.

Los resultados fueron: PSOE-A: 27,9% – 33 escaños; PP: 20,8% – 26 escaños; Cs: 18,3% – 21 escaños; Adelante Andalucía: 16,2% – 17 escaños y Vox: 11% – ingresó con 12 escaños. Un cuadro con el detalle de las elecciones 2018/15 ilustra la magnitud de los cambios políticos. El PSOE se hundió perdiendo 14 escaños, el PP perdió 7 escaños, Cs sumó 12, Vox ingresó con 12 escaños y Adelante Andalucía cayó de 20 a 17 escaños.

Otro dato importante es que hubo una escasa participación del 58,65%, casi cuatro puntos menos que en el 2015, un elemento que demuestra una cuota de decepción con los partidos y sus políticas de ajuste y corrupción. Las encuestas previas hicieron pronósticos que no contemplaron los dos fenómenos fundamentales: la magnitud del derrumbe del PSOE y de la votación de Vox.

Las posibles coaliciones para conseguir la mayoría absoluta de 55 podrían ser: Vox, PP y Ciudadanos 59 escaños; PSOE y Ciudadanos 54; PSOE, Adelante Andalucía 50 y PP, Ciudadanos 47. Lo concreto es que sí las fuerzas reaccionarias acuerdan podrían ser mayoría para gobernar. Tanto Juan Manuel Moreno como Juan Marín se han postulado para la investidura y están dispuestos a pactar con Vox, que no quiere ser un escollo para echar del poder a “los comunistas” del PSOE-A.

El bipartidismo sacudido

El PSOE recibió un misil en la línea de flotación, ya que Susana Díaz “La Sultana” se encontraba gobernando como continuidad del dominio socialista que duró 36 años. Hizo una campaña con “perfil bajo” aspirando a capitalizar por su gestión de gobierno. Sobre el final de la campaña, se dedicó casi exclusivamente a pedir el voto agitando el fantasma de Vox.

También es una clara señal para Pedro Sánchez y al PSOE en su primera contienda desde la moción de censura. Las encuestas decían que se estaban recuperando nacionalmente, la elección del domingo pasado pone un manto de duda al respecto y profundiza el interrogante sobre la perspectiva.

Para el PP también fue una prueba por tratarse de la primera contienda luego de la caída de Mariano Rajoy. Con Pablo Casado como nuevo líder no sabían cómo les iría en la distribución del voto de derecha. El secretario general de los populares se volcó de lleno a la campaña apoyando a Juan Manuel Moreno. Resultado, el PP siguió cayendo, aunque por el sistema electoral puede llegar al poder. El bipartidismo PP-PSOE, eje del armado constitucional del ´78 está cada vez más desprestigiado ante la población, vaciado de contenido y carcomido por la corrupción.

Los que no aprovechan y los que sí

Ante el retroceso de los pilares del bipartidismo, hace tiempo que se viene abriendo una gran oportunidad para que Podemos se transforme en una alternativa que capitalice el hartazgo con lo viejo. Lamentablemente, esa posibilidad se aleja en cada contienda electoral. Adelante Andalucía (Podemos-A, Izquierda Unida, Los Verdes-CA, IA y PA), encabezada por Teresa Rodríguez, (Izquierda Anticapitalista) no mantuvo la suma de los votos de sus dos principales integrantes y retrocedió. El hecho de que Podemos nacional no sea una alternativa y el deterioro en la imagen de Pablo Iglesias tiene un peso imposible de soslayar.

Sus ejes fueron la crítica al PSOE-A por el pacto con Ciudadanos en la legislatura anterior, se presentaron como “la única barrera ante la derecha”“alternativa al PSOE”, con propuestas de “transparencia y cambios favorables a la gente.”

La confluencia de los elementos mencionados facilitó el crecimiento de Ciudadanos. Inés Arrimadas (andaluza de nacimiento) dejó Catalunya y se instaló en Andalucía junto a Albert Rivera para apoyar a su candidato Juan Marín. Cs disputó con el PP el liderazgo del espacio de derecha, lo hizo con tres ejes políticos: “contra el independentismo catalán, contra la corrupción y por un cambio” y les fue bien porque crecieron en votos.

Y la ultraderecha también se favoreció, con una fuerte irrupción de Vox en las instituciones, por primera vez, con Francisco Serranode candidato y Santiago Abascal como máximo dirigente. Esta formación tiene un programa, antifeminista, xenófobo y homófobo, que rechaza el actual régimen de autonomías y fomenta un acérrimo nacionalismo español. Se presentó sin estructura local y sólo con propuestas nacionales.

Cabe destacar que no es menor la colaboración que vienen prestando algunos medios de comunicación masiva a la instalación de Cs y Vox en el gran escenario de la política nacional.

Opiniones para el debate

El derrumbe del PSOE-A fue un inesperado baldazo de agua fría que Sánchez no pudo esquivar y empuja hacia el adelanto de elecciones generales. Los dos principales exponentes del bipartidismo siguen sufriendo importantes reveces electorales lo cual a la par profundiza los problemas de un régimen agotado, que no puede brindar respuestas progresivas a la mayoría de los trabajadores y el pueblo.

Ciudadanos reafirmó el dinamismo que ya se había manifestado cuando Arrimadas fue la más votada en Catalunya. De ninguna manera se puede ignorar el crecimiento de Vox en el marco de una Europa donde los fachos asoman la cabeza.

En medio de una polarización política y social creciente, la pérdida de votos de los viejos partidos orientó su péndulo hacia la derecha. En otro momento lo había movido hacia el extremo opuesto cuando Podemos apareció como emergente de los Indignados del 15-M.

Podemos está desencantando a miles de personas que creyeron que un cambio realmente progresista y de fondo era posible. Con su adaptación al régimen por los cargos, su acercamiento al PSOE que es parte del problema no de la solución y sus mecanismos internos cada vez más burocráticos va de crisis en crisis y no aparece como una alternativa.

Hay algunos cínicos que evalúan el crecimiento de la derecha y la ultra como una respuesta al “Procés”. Inducen a responsabilizar por la aparición de los fachos a los millones de catalanes que votaron democráticamente por la autodeterminación en el Referéndum del 1-O, a los presos políticos y exiliados, a los que no quieren rey ni opresión. Es una verdadera canallada.

Si tuvieran un mínimo de honestidad política tendrían que decir que en España está vigente el régimen del ´78, con su impronta franquista que no obstaculiza a los reaccionarios en el desarrollo de su política, sino que más bien la permite y fomenta.

También, que muchos de los que se dicen “democráticos”progresistas” o “republicanos” no apoyaron la autodeterminación, se pusieron “equidistantes” del 155 y del pueblo catalán. Mantienen un silencio cómplice ante la represión, la existencia de presos políticos, la persecución, los cargos inventados y los recortes a las libertades democráticas. Esta falta de solidaridad activa y movilizada con la lucha catalana es la que envalentona a la derecha y la ultra.

El desafío: construir una nueva alternativa política

Sería aventurado afirmar que la votación ya marca la tónica general hacia dónde van los votos en el Estado español, más aún en un país de realidades drásticamente cambiantes. Al mismo tiempo sería un error quedarse de brazos cruzados, esperando a constatar si el escenario andaluz se repite o no.

Se abre un gran desafío: hay que transformar la tristeza y preocupación por el resultado en bronca activa y organizada para revertir o bloquear a la derecha en todas sus expresiones. Todavía Vox no asumió ni un cargo y ya comenzaron las movilizaciones en su contra. Son un gran ejemplo por seguir y demuestran que no hay que bajar los brazos.

El crecimiento de la derecha no es irreversible ni es el factor dominante en la situación mundial que es la polarización, expresada electoralmente en distintas coyunturas y con una clara mayoría contra los reaccionarios en la movilización.

Además de enfrentarlos en las calles, hay que impulsar un reagrupamiento de fuerzas realmente democráticas y consecuentes con ello, construyendo una nueva alternativa política, anticapitalista, feminista, antirracista para el conjunto del Estado español.

Que lleve hasta el final un programa consecuente para favorecer a las grandes mayorías populares y no a un puñado de empresarios, especuladores y corruptos amparados por los gobiernos locales y la Unión Europea. Construir la alternativa que se necesita es una tarea enorme, pero no imposible, hay que comenzar a poner los pilares para lograrlo. Es una de las conclusiones más importantes a extraer de las elecciones andaluzas.